Solo me puede pasar a mí

Los gruistas me explican cosas.

Tomo prestada la estructura del título del libro Los hombres me explican cosas de Rebecca  Solnit (libro que por cierto no he logrado acabar de leer…) para engrosar mi anecdotario particular, ese que anda repleto de sucesos del tipo “esto solo me puede pasar a mí”.

Tal vez debería cambiar el “me” del título de este post por un “nos(otras)”, porque aunque todos podamos tomarnos ciertas situaciones con un toque de humor, e incluso a veces con mucho humor, lo cierto es que en el caso de las mujeres algunas de esas anécdotas no dejan de desprender un cierto tufillo a rancio, a sexismo, a esas cosas que nos chirrían y nos hacen analizar las bases de los icebergs ajenos, a sabiendas de que no vamos a encontrar nada bueno si seguimos buceando por ahí.

Ültimamente son muchas las personas que me explican cosas ¿También os pasa?
Sin ir más lejos esta semana una señora me explicó a las nueve de la mañana, a tres grados centígrados, mientras llevaba más de media hora esperando una grúa, cuál es la distancia exacta que un gruista necesita para cargar un coche averiado. En mi caso demasiada, a su parecer:
—¿Pero tú sabes maja la de sitio que estás jodiendo?
—Señora, jodido tengo yo el coche. Le respondí y me quedé como dios. Me encantó su cercanía y su empatía, ya no solo la que demostró hacia mí, sino hacia todas las personas que llegarían tarde a su trabajo si atascaba la calle impidiendo que el autobús saliera de la parada que tenía unos metros más atrás. Fue la única persona que quiso aparcar ahí durante la hora y media que estuve haciendo de espantapájaros. Es posible también que fuera la única que no vio el triángulo de emergencia…

Impresionante el compañerismo que nos brindamos a veces entre las mujeres, sean las circunstancias que sean: físicas, emocionales o mecánicas… Empezamos robando los novios a las amigas; después nos dividimos entre las madres (ávidas por recordarte lo llena de ignorancia que estás en cada pequeña opinión al respecto ¡Un saludo, majas!) y las no madres (mujeres incompletas que no saben lo que se están perdiendo en esta vida…) y poco a poco acabamos siendo completamente insolidarias, considerándonos en ocasiones rivales a batir, casi enemigas acérrimas. Gracias a dios siempre existe la excepción que confirma la regla. 😉

Y en esas estaba cuando por fin llego el señor gruista. Señor que, por cierto, casi hubiera podido enganchar el coche a pulso él solito, sin mecanismo que le asistiera… y lo llamo señor porque él mismo se encargó de recordarme varias veces durante el trayecto lo mayor que era, y lo bien que se lo había pasado en las zonas de marcha de la ciudad que ahora están completamente muertas; zonas, sea dicho de paso, en las que alguna noche yo también me divertí y de esto tampoco hace tantos lustros… ¿O igual sí?

Sea como fuere a mí me empezó a dar mal rollito… un mal rollito que pasó a ser un chungazo cuando al llegar al destino se vino arriba y me ofreció un cigarrillo. Cigarrillo en tiempos de pandemia, podría titularse la película, pero no era el caso…
Y es que a mí la gente que se invita a la fiesta sin que nadie le haya enviado la invitación me supera. Hiperventilo. Cuento hasta tres y al final me veo respondiendo educadamente. En este caso fue un no; en realidad un “no fumo, gracias” pero ¿Gracias de qué? ¿Y explicaciones para qué? ¿Pero qué nos metieron en la cabeza con la última actualización del software? Nada bueno, ya os lo digo yo…

Y al final ¿Qué pasa? Que una explicación lleva a otra explicación y ahí que me vi aguantando la turrita, o lo que fuera eso, porque a estas alturas ya no sé ni cómo llamarlo…
“Haces bien. No empieces” me dijo. Que no empiece… como si hubiera nacido ayer o mejor aun, como si acabara de cumplir la mayoría de edad… y claro, cuando el paternalismo entra por la puerta la paciencia salta por la ventana.

Y me pregunto ¿Hasta cuándo vamos a tener que estar soportando y escuchando viejas fórmulas de unos y de otros? ¿Hasta cuándo todo ese olor a rancio, a anticuario y anticuado? ¿Cuántas generaciones vamos a necesitar para que los hombres dejen de aleccionarnos hasta con los cigarrillos y las mujeres nos quitemos esa rivalidad que solo lleva a otras formas de machismo subyacente?

Esto va para largo, me temo. Así que preparen las palomitas, acomódense en sus asientos y disfruten de la película. Esa que nos han contado, esa que nos hemos dejado contar…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s